Cubo y la búsqueda samurái, excelente animación, fallas de trama

Cubo y la búsqueda samurái

Cubo y la búsqueda samurái

El estudio Laika, mismo estudio de Coraline y la puerta secreta, y Boxtrolls, vuelve a sorprender con una historia que se sale del molde, sobre samuráis, épicas batallas y una travesía mágica. Cubo y la búsqueda samurái es un filme en Stop Motion que tardó 94 semanas en hacerse, debido a lo terriblemente complicada de su producción.

Gracias a todo este esfuerzo, dedicación y gran pasión, tenemos una película estéticamente perfecta, con una combinación del Stop Motion con animación digital perfecta para el tipo de historia que cuenta. Es uno de los filmes más ambiciosos de Laika, y es reconocida por tener al personaje más grande, de casi 5 metros, y el más pequeño, de solo 5 centímetros, de este tipo de animación.

El trabajo de Cubo y la búsqueda samurái fue tan grande que en promedio cada animador producía apenas 3,31 segundos de la misma por semana, lo que es equivalente a unos 15,9 cuadros por día. Sin olvidar que únicamente animar el mar tomó poco más de 6 meses.

A pesar de su buena trama, la película apenas es reconocida en el repertorio de Laika, puesto que se siente un poco «fuera de tono», en algunos momentos, y deja varias cosas al aire. Aun así, es una muy buena recomendación para los amantes de la animación.

 

Resumen

Seguimos la historia de Cubo, un niño cuya madre parece tener una enfermedad o trauma que la mantiene en un estado casi vegetativo durante el día, siendo consciente solamente en la noche. Rápidamente, nos cuentan la razón de esto, de cómo ella arriesgó su vida para salvar a su hijo de sus dos hermanas, las cuales quieren llevarlo consigo y tomar sus ojos (espíritu).

Cubo logra mantenerse a él y a su madre gracias a ciertos poderes que le permiten manipular las hojas de papel cuando toca su instrumento, de tal forma que hace origami mágico que interactúan entre sí mientras él cuenta una historia. Todos en el pueblo parecen amarlo por ello, felices de escuchar sus historias cada día, en la espera de más.

El único problema de esto es que Cubo siempre debe volver antes del anochecer, puesto que de lo contrario se meterá en problemas, además, que de no estar en casa, no podría pasar junto a su madre sus únicos momentos lúcidos. Durante esas noches su madre le cuenta la historia de su padre, y de cómo lucharon juntos contra su cruel abuelo, recordándole a Cubo que siempre debe llevar con él los amuletos que lo protegen.

Cierto día, la aldea se une para una especie de ritual para conectarse con sus seres queridos que han fallecido, y algunos de ellos aprovechan de enseñarle a Cubo cómo se hace esto. Él, al ver una forma de al menos sentir la presencia del padre que jamás conoció, se une a los aldeanos en la celebración, sin embargo, se deprime al ser el único que no lo logra.

Por estar concentrado en todo esto dejó pasar el tiempo, sin darse cuenta de que ya había pasado su hora de volver a casa, apenas anochece, sus tías aparecen para llevárselo. Por suerte, su madre llega a tiempo para salvarlo, mandándolo lejos, mientras ella lucha.

Al despertar, Cubo se encuentra en una montaña nevada, sin ninguna idea de a dónde dirigirse, y se percata de una mona parlanchina que se encuentra a su lado, cuidándolo. Juntos, comienzan su camino en búsqueda de la legendaria armadura del padre de Cubo, ya que está es la única que puede mantenerlo a salvo.

En el camino se encuentran con un gran hombre-escarabajo, él no recuerda quién es, pero tiene increíbles habilidades como samurái, y desea acompañar a Cubo en su «cruzada», puesto que piensa que su padre fue su maestro. Los tres no tardan en encontrar el primer objeto, la espada, dentro de una gran cueva.

Luego de varias batallas buscando cada parte de la armadura, terminan en una trampa orquestada por el abuelo de Cubo, dónde se revela que tanto la mona, como el escarabajo, son realmente los padres de Cubo. Al verlos morir frente a sus ojos, pierde todo rastro de temor y se va directamente a enfrentar a su abuelo.

Allí, el anciano le ofrece la vida eterna en el cielo, a cambio de su ojo, cosa que Cubo no acepta, usando sus poderes para derrotarlo, quitándole su magia, convirtiéndolo nuevamente en humano. Lejos de tomar una represalia contra él, tanto Cubo como los aldeanos lo aceptan, ofreciéndole una vida humilde y buena, al lado de su nieto.

Cubo y la búsqueda samurái

Crítica

La película nos habla sobre la importancia de la valentía, de los recuerdos y la familia, sin embargo, falla en varios puntos al no saber mantener una trama que se adapte al público. Si bien todos aman los finales felices, el tener a un villano que asesina sin piedad a su propia familia, y luego es perdonado como si nada, no es precisamente la mejor opción, por el contrario, apagó de cierta forma la energía que ya traía el resto de la película.

La razón por la que tiene tanto poder, cómo terminaron envueltas sus otras dos hijas, el romance entre la última hija y el samurái, todo eso es olvidado por la película, no nos dan más o formación aparte de un simple «se enamoraron, y se enfrentaron al terrible padre». Si todo esto hubiera sido explicado, podríamos empanizar más con los otros personajes, cosa que no ocurre ni siquiera con el protagonista.

Y claro, algunos detalles pequeños, pero igualmente importantes, cómo la razón por la cual la aldea se tomó todo con calma, como si lo esperaran, y no dudó en aceptar al causante de todo entre los suyos. El por qué el escarabajo cree ser el aprendiz del padre de Cubo, y por qué Cubo posee ese tipo de poder.